sábado, 3 de marzo de 2018

APOLO Y DAFNE (MITO)


Apolo y Dafne (1622 aprox.) Lorenzo Bernini.
Galeria Borghese en Roma
Existía una hermosa ninfa solitaria que un día juró no pertenecer jamás a varón alguno. Su nombre era Dafne. Ella gustaba de pasear por los bosques, recogiendo frutos silvestres o tejiendo guirnaldas con las flores del campo.
Un día, la bella ninfa fue sorprendida por Apolo en un claro de bosque. El dios luminoso envuelto en la espesura de unas hojas escuchó su canto, observó su suave perfil recortarse contra el verdor de las plantas. Había quedado prendado de la hermosa criatura.
Al notar su presencia, la doncella abandona la guirnalda que estaba tejiendo y deja de cantar. De un salto se levanta e inmóvil por el susto, mientras busca con ojos aterrados un escondite a su alrededor.
Apolo y Dafne (1908)
John William Waterhouse

El dios se dirige hacia la ninfa: con encantadoras palabras pretende someterla, pero Dafne lo rechaza, no quiere oír falsas promesas de amor y aparta como puede las manos que se le acercan, procurando zafarse.
Entonces la ninfa se echa a correr. Suplica en su desesperación alguna ayuda divina, pero nadie parece responder a su llamado.
Apolo, dios de la luz y de las Artes, veloz en su precipitación no tarda en alcanzarla. Siente el suave perfume que exhala el cuerpo agitado de la ninfa, observa su rostro temeroso. Y sonríe.
Dafne ya no tiene escapatoria. Vuelve a pedir la ayuda de los dioses, pero esta vez alguien la oye. Es su padre, Ladón, el dios río. De inmediato, el cuerpo de la ninfa es cubierto por una corteza nudosa que se hace rígida y se tiñe de oscuro. Sus uñas delicadas se alargan en gajos y hojas multiplicados con mágica velocidad. Sus cabellos se transforman en un denso follaje. El cuerpo de Dafne queda convertido en un tronco, fijo en el mismo lugar en que comenzó a transformarse, con raíces hundidas en la tierra. La ninfa ahora permanece allí, inmóvil y silenciosa.
Apolo y Dafne (1615 aprox.) Francesco Albani

Apolo abraza tristemente al árbol que hace unos instantes fuera una ninfa. Llámala por su nombre, Dafne, que en griego significa laurel, y entre lágrimas declara que ese árbol será consagrado a su culto. Sus hojas serán destinadas a la purificación y guirnaldas tejidas con ellas servirán para coronar a los vencedores en artes, deportes y batallas.


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