martes, 6 de febrero de 2018

DOS VERSIONES DE ORIÓN (MITO)

Pintura de Daniel Seiter de Diana sobre el cuerpo de Orión,
antes de su ascensión a los cielos, (1685).

Millares de estrellas adornan el cielo, inmenso escenario donde todas las noches dos constelaciones repiten la misma escena: Orión, el cazador, huye del Escorpión que nunca logrará alcanzarlo.
Dicen algunos poetas que antes de brillar en lo alto del cielo, Orión había sido un cazador de gran porte, hermoso y dotado de fuerza extraordinaria. Según algunas versiones sería hijo de Euriale y Poseidón. O de Hireo, o tal vez de la Tierra. No se sabe con certeza.
Cuentan que Artemisa, la virgen perpetua, lo vio en una cacería y se enamoró perdidamente de él en ese mismo instante. Y le habría entregado ese amor, tanto tiempo reservado, a no ser por la trágica intervención de Apolo. Este, movido por los celos fraternos, o preocupado simplemente por resguardar la castidad de su hermana, decidió separarla de su amado.
En un hermoso día de sol, Orión se bañaba en el mar, huyendo del calor excesivo. Confiando como siempre en su destreza y en la propia fuerza natural, poco a poco se fue alejando de la playa, hasta convertirse en una pequeña mancha oscura sobre las ondas distantes.
Cerca pasaban Artemisa y Apolo. Conversando, riendo y jugando con la alegría que unía a los dos hermanos. Pero en el cerebro de Apolo iba creciendo una sola idea: sabe el dios que aquella cabeza vista a lo lejos es la de Orión. Simulando total inocencia, desafió a Artemisa a acertar con una fleche en el blanco aparentemente inmóvil que apenas se alcazaba a ver en la línea del horizonte.
La bella cazadora no desconfió. Feliz de demostrar una vez más su habilidad con el arco y la flecha, acepta el desafío. Con emoción distiende el arco. Y la saeta lanzada, hiere mortalmente a Orión.
Minutos después, traído por las olas, llega a la playa el cuerpo del infeliz cazador.

La constelación de Orión
Nada pudo consolar a Artemisa. Con el hermoso rostro bañado en lágrimas, se dirigió a Zeus y le imploró que transformase a su amado en una constelación, ya que no podía hacerlo revivir. Con un gesto mágico, Zeus, fragmentó el cuerpo de Orión en innumerables estrellas que fueron lanzadas al cielo.

Otros poetas cuentan la historia de una manera diferente. Un día, solos en la isla de Quíos, el cazador habría intentado violar a Artemisa.
Celosa de su virginidad y profundamente irritada por el atrevimiento de Orión, la diosa con un ademán hizo surgir un escorpión que, por orden suya, picó al joven, lo que le causó de inmediato la muerte.

Orión y el escorpión fueron transformados en constelaciones. Muy lejos, en el cielo, la escena se sigue repitiendo todas las noches.

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