lunes, 22 de enero de 2018

LA BELLA EUROPA Y EL TORO BLANCO (MITO)


El rapto de Europa (1716) Jean Francois de Troy
Una playa de Tiro. Las ondas acarician ligeramente las flores silvestres, que llegan hasta las arenas. La brisa lleva el claro sonido de risas y voces. El sol dora tiernamente la aterciopelada piel de las doncellas que allí se divierten.
Europa, la más bella entre todas, hija del fenicio Agenor, poderoso rey de la ciudad más celebre de esa costa asiática, corre por la playa, danzando al compás de su propio canto y lanzando pétalos de colores a los ágiles pies de sus compañeras.
Súbitamente, un toro blanco. Susto general. Gritos de miedo. Fugas despavoridas al abrigo de los arbustos.
La joven Europa, sin embargo, no tiene temor. Solo deja de jugar. Mira al animal y sonríe –sospechando vagamente, tal vez, la presencia de Júpiter-. Después, curiosa y enternecida, se aproxima al extraño visitante que, mansamente, se acuesta a sus pies.
Con las flores que lleva, la doncella adorna las patas, las orejas y el dorso del toro. Rápidamente teje guirnaldas y lo corona con ellas, murmurando palabras cariñosas. Suave y blanco es el pelo del animal. Tiernos, sus mansos ojos embelesados. Ardiente el soplo de sus narices.
A distancia, sus compañeras observan el cuadro. Y poco a poco van perdiendo el miedo. Sin prisa, van saliendo de sus escondrijos. No hay que temer –las tranquiliza la amiga-, el toro blanco es tierno y cariñoso. Y para aseverar lo dicho, con gracia y ligereza, cabalga sobre su lomo.
Traspone el mar con su preciosa carga sobre los lomos y llega a la isla de Creta. Allí, en una playa encantada, se arrodilló por fin para que la doncella descendiese. En el bello rostro de Europa no había miedo. En sus labios rosados brillaba confiada una amorosa sonrisa. Había entendido.

Sobre las blancas arenas, a la luz del sol y a la sombra de los plátanos, oyendo el suave murmullo de las ondas, ambos se amaron.
Europa  de John Malis

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