martes, 6 de febrero de 2018

TIFÓN, EL MONSTRUOSO HIJO DE HERA (MITO)

Escultura de la serpiente Tifón

Solo, sin concurso de su esposa, el gran Zeus había traído al mundo una hija: Atenea, la diosa guerrera.
Al verla entrar en el Olimpo, altiva y bella, el corazón de Hera se estremeció. Contuvo su ira al sorprender en las miradas de los demás dioses la luz de la admiración que su hijo Hefesto, infeliz y deforme, a pesar de ser el fruto legítimo de su matrimonio. ¿Cómo había podido su esposo engendrar solo una criatura tan magnífica, mientras que unido a Hera había concebido un ser tan feo y deforme?
Las palabras de Hera , dichas en alta voz, sacudieron la sala como una tempestad y llegaron a los oídos del poeta Homero, quien cuidadosamente registró: “Terrible y astuto Zeus –dijo ella-, ¿cómo osaste dar a luz a Atenea?, ¿no podría haber sido yo quien te diera esa hija? ¡Ahora voy a hacer algo para tener un hijo que se distinga entre los dioses! Y lo hago sin avergonzar tu lecho y el mío, pero también sin ti. Me alejaré de tu compañía y de los demás dioses”
Así habló airada y se alejó. En un lugar distante y solitario, despojándose de su orgullo, dirigió súplicas al Cielo y la Tierra, y a los Titanes del mundo subterráneo: “Escuchadme todos, y dadme un hijo…”
Tanto imploró y con tanto ardor que finalmente fue oída. Gaia (la Tierra) comenzó a estremecerse y en ese instante la diosa se sintió grávida.
Pero concebir un hijo sin la intervención de su esposo no bastaba para vengarse de él. Necesitaba rechazar al esposo. Negarle caricias y amor. Relegarlo a la soledad.
Pasaba la mayor parte su tiempo en los santuarios a ella dedicados. Y los meses transcurrieron lentamente hasta que la gravidez llegó a su fin. La diosa estaba ansiosa por abrazar al hijo que sería obra enteramente suya, fruto exclusivo de su vientre.
Detalle de vasija griega que representa
a Zeus luchando contra Tifón
El nacimiento fue decepcionante. El resultado de esa concepción solitaria y amarga no se asemejaba ni a un dios ni a un mortal. Era un monstruo, una peligrosa serpiente que vomitaba fuego: Tifón.
Sin poder librarse del rayo, Hera regresó al Olimpo. Pero lo llevó consigo y se cubrió de vergüenza. Tifón no dejaba en paz a los dioses. Se rebeló hasta contra el gran Zeus, reclamándole de manera terrible una esposa divina que le hiciera compañía.
Como la presencia de Tifón importunara cada vez más a las divinidades, Zeus lo derrotó y acabó
por enviarlo a Delfos, donde compartiría con la serpiente Pitón la custodia del oráculo.
Mucho más tarde, cuando el dios Apolo exterminó a Pitón, atrajo hacia al mar al hijo de Hera. En el fondo de las aguas, el monstruo permaneció prisionero por el resto de los tiempos. Los hombres antiguos creían que cuando se enfurecía convulsionaba la superficie del suelo y hacía entrar en erupción el Etna, sembrando terror en los campos de la isla de Sicilia. En adelante, cada vez que se observa una columna marina que se eleva se le atribuirá a Tifón tal portento.


lunes, 5 de febrero de 2018

ATLAS

Atlas Farnesio
En la Odisea, Homero (siglo IX a.C.) nos presenta a Atlas (en griego antiguo Ἄτλας, ‘el portador’, de τλάω tláô, ‘portar’, ‘soportar’) como una figura enorme, que carga en los hombros las columnas que sustentan la bóveda celeste. Su musculatura es poderosa. Su morada está situada en el lejano mar occidental. Atlas conoce las profundidades marinas y es rico no solo en fuerza y sabiduría, sino también en malicia. Homero insiste en caracterizarlo como un ser estrechamente ligado a la naturaleza del mar, a las fuerzas formidables de las olas. Según el gran poeta, Atlas unifica en el plano mítico, por lo tanto, tres grandes elementos: tierra, mar, firmamento.
Hijo de Japeto y Climene, Atlas pertenece a la primera generación de las divinidades: los Titanes, que llEva en si la suma de todos los poderes, pero aún no ordenados y dirigidos a fin práctico benéfico para la humanidad. Sus hermanos eran Prometeo, Epimeteo y Menecio. Fue el padre de las Hespérides, Mera, Calipso, las Híades y las Pléyades. A toda su prole se le conoció con el nombre de Atléntidas.
La descripción de ese mito se repite, casi idéntica, en un poeta posterior, Hesíodo (siglo VIII a.C.), quien, en su Teogonía, difiere de Homero solo en los detalles. Para el, Atlas no carga el cielo sobre sus hombros, sino sobre la cabeza, sujetándolo con las manos. Los sucesivos poetas liricos y trágicos mezclan ambas descripciones, pero mantienen constantes los caracteres fundamentales de la figura mítica y de su tarea.
El Atlas moderno, del escultor Lee Lawrie
en el 
Rockefeller Center de Nueva York.
Por ser un titán y por estar destinado a cumplir un trabajo tan colosal, Atlas debe haber tomado parte, con sus hermanos, en la lucha contra Zeus (Júpiter) y los otros dioses Olímpicos. Tras la victoria de estos, habría sido castigado con el sostén de la bóveda celeste, contribuyendo así a mantener el equilibrio del universo.
El titán Atlas es el elemento que la imaginación mítica creó para conjurar, unir y relacionar el complejo universo de los astros que se encuentran arriba de la tierra y del mar, y estos elementos con los que el hombre está en contacto directo.  La importancia de las estrellas para la navegación es recordada frecuentemente por los poetas y los escritores. La literatura griega proporciona continuos ejemplos de la íntima relación entre la agricultura y los ciclos de los fenómenos atmosféricos y astronómicos. Hesíodo, en su poema Los Trabajos y los Días, aconseja constantemente a los agricultores sobre los periodos favorables para las siembras, las cosechas, la vendimia. Se basa para ello en la posición de determinadas constelaciones, después de ponerse el Sol o antes de aparecer la primera luz del día. Por otra parte, el campesino y el pastor, por propia experiencia, sabían “prever” las épocas de inundación o de sequía, de lluvias o de calor, mirando a lo alto y observando “el color”, el tamaño, la inclinación de un planeta o de un astro. Así también el pescador y el navegante podían organizar sus trabajos.

EL TITAN Y SUS HIJAS

Las Pléyades
Pero el mito de Atlas no nace solo de estos factores de carácter práctico y económico. Proviene también del efecto producido sobre el hombre por el carácter cíclico de los fenómenos celestes. Los cambios de las fases lunares, su periodicidad y su influencia sobre los mares, sobre la fertilidad y los nacimientos de los seres animados; el paso del Sol a lo
largo de la banda del Zodiaco,  con la mudanza de las estaciones; los complicados movimientos de los planetas que guardan una regularidad visible en su manera de desplazarse; la sucesión de los días y las noches con el nacer del Sol y el crepúsculo; la comprobación del ciclo continuo de los fenómenos celestes que, a su vez, encuentra correspondencia en el ciclo de fenómenos en las tierras y en los mares: todo eso llevó al hombre antiguo a la consciencia del gran contraste entre la firme perennidad de esos fenómenos y lo incierto de la vida humana. Los fenómenos físicos se repiten sin gastarse; vuelven con la misma intensidad y los mismos poderes. La vida del hombre es única, no puede ser vivida sino una vez. El individuo es como un juguete bajo la inmensidad de seres luminosos que flotan por encima de él. Los astros parecen obedecer leyes maravillosamente constantes. Atlas, el gran titán es, entonces, el que cumple la tara de sostener la bóveda celeste para que esta no aplaste la fragilidad del hombre.

Mientras el gran titán sostiene el cielo, sus hijas, las Atlántidas, iluminan los trabajos humanos. Las más importantes de ellas –las Pléyades y las Híadas- son mencionadas en los relatos primitivos como Ninfas del Mar. Después figuran en las descripciones de los poetas como constelaciones. Las Pléyades cuyo nombre significa “palomas”, pero expresa también el concepto de navegar (plein en griego), presiden la navegación; no protegen directamente a los marineros, pero los orientan, proporcionándoles rumbos. Surgen en la parte occidental del mar, a mediados de mayo (primavera en el Hemisferio septentrional), y desaparecen a fines de octubre, determinando el inicio y el fin de la época más propicia para navegar.
Heracles en el jardín de las Hespérides.
Detalle en vasija ateniense.
El nombre Híadas indica llover (hyein en griego). Su aparición en el cielo, muy cerca de las Pléyades, anuncia las lluvias que fecundan el suelo para las siembras y las cosechas realizadas en otoño.
El mito central de Atlas y sus hijas se relaciona con mitos menores, implicados a otras constelaciones, como la de Orión, el cazador gigante transformado en polvo de estrellas por obra de Artemisa (Diana), o la de la Serpiente, metamorfosis del dragón que, juntamente con las Hespérides –también hijas de Atlas-, vigilaba el jardín de los dioses. La leyenda del titán que sostiene el universo se asocia también a la aparición de los cometas, tal como lo demuestra la identificación mítica de una de las hijas de Atlas con un astro errante, que, en su dolor, “baja” del cielo para ver de cerca la ruina de Troya. En efecto, esa es la transformación sufrida por la pléyade Electra, que vaga rápidamente por el espacio oteando desde lo alto el sitio de la desdichada ciudad fundada por su hijo Dárdano.
Por otra parte, el titán dio nombre también, pero tardíamente, a una cadena montañosa.
En efecto, aunque la más antigua referencia a la transformación de Atlas en la montaña situada en el noroeste de África (El Atlas, alto monte que sostiene el cielo), se deba al historiador griego Herodoto (484? – 420? a.C.), el primero en narrar poéticamente la leyenda es Ovidio.

La literatura y las artes representan constantemente a Atlas como un hombre. La arquitectura uso de la concepción de este mito para transformar la columna en figura humana (los atlantes o telamones). La escultura y la pintura más antiguas lo representan como de fuerte musculatura, llevando sobre los hombros el universo, pero sin demostrar fatiga ni resentimiento. Las estatuas y la literatura del siglo VI a.C. modifican la expresión de Atlas: su rostro manifiesta odio, repulsa, aversión. Una famosa escultura lo muestra así, sosteniendo el cielo sobre los hombros y ayudándose con las manos. Esta imagen -conocida como el Atlas Farnesio- ha quedado como la más característica y tradicional representación material del mito. 

sábado, 3 de febrero de 2018

ATENEA

SINOPSIS

Atenea Giustiniani, copia romana del original
atribuido a Fidias. Museo Vaticano.
Diosa de la guerra, la sabiduría, las ciencias y la justicia. Aunque estas son sus atribuciones principales, también su culto estuvo vinculado a la agricultura, la alfarería y la hilandería. Era una de los doce dioses del panteón olímpico y una de las principales divinidades helénicas, siendo la ciudad de Atenas la que le estaba consagrada aunque su culto fue bastante difundido por toda la Hélade. En la versión más conocida, nació adulta y vestida con una armadura de la cabeza de su padre Zeus.  Peleó valientemente al lado de este contra los gigantes (Gigantomaquia). Una disputa con Poseidón por ver a quién sería el dios tutelar la ciudad de Atenas, permitió que esta, tras su triunfo, le estuviera dedicada. Uno de sus atributos principales fue su virginidad, la que siempre la mantuvo alejada de pretendientes o relación amorosa alguna. Fue protectora y consejera de héroes como Odiseo, Perseo, Diómedes, Aquiles y Heracles. Se le suele representar como una mujer con casco y peto de armadura, portando en una mano a Niké (la victoria) y apoyándose en la otra sobre la égida. Se le atribuye, asimismo, la invención del timón, la flauta y la trompeta, el arado y el rastrillo. Le estuvieron consagrados principalmente la lechuza, el olivo, la lanza, el gallo y también la corneja y la serpiente. Era la hija favorita de Zeus y la que protegía al Estado y la familia, presidía las asambleas e impartía justicia. Los romanos la conocieron con el nombre de Minerva. Los griegos le dedicaron varios templos, siendo el más importante el Partenón, ubicado en Atenas.

ORÍGENES                      

Vista de perfil de Atenea
del frontón oeste del templo
de Aphaia en Egina
Existen varias leyendas sobre el nacimiento de Atenea. En una de ellas su padre es el gigante Palas, hijo de la tierra; en otra es Poseidón, y en la más difundida, Zeus. Como Palas tratara de violarla, la diosa lo mato, lo desolló y con su piel se hizo la Egida, coraza de la virginidad. Para sellar su victoria asumió el nombre guerrero de Palas Atenea, apelativo que le daban los griegos para obtener su protección.
En la tradición más corriente, sin embargo, la diosa figura como hija de Zeus, el señor del Olimpo, y de Metis, la Prudencia. Ya que la sabiduría encarnada por Metis no podía figurar, según los griegos, entre las dotes femeninas, Zeus engulló a su amada y, por ese medio, se convirtió en el más sabio de los dioses, cualidad que transmitió a Atenea.
Al salir del cráneo de Zeus, la diosa ya lucia brillante armadura –representación de los meteoros y los fenómenos luminosos- y blandía la lanza –materialización del rayo que sale de la cabeza de la nube, ilumina las alturas etéreas y anuncia las tempestades-. Así, desde el primer instante de su existencia, se caracteriza como divinidad guerrera. Pero no encarna la fuerza bruta. Más bien, representa la lucha racional y justa, que tiene por objetivo defender ideales elevados, divulgar la cultura establecer la paz y asegurar el orden.


EPÍTETOS     
                         
Atenea, la diosa griega de la guerra.
Escultura frente a la Academia de Atenas.
El epíteto más empleado para la diosa Atenea era “glaucopis” (que puede traducirse como de ojos brillantes o de ojos de mochuelo). El pájaro que puede ver bien en medio de la oscuridad estaba asociado a la sabiduría. En representaciones antiguas, la diosa portaba un mochuelo sobre la cabeza. Este epíteto lo podemos encontrar en los himnos homéricos.
Otro epíteto conocido era “tritogenia” con el que se le denomina en Teogonía y en los himnos homéricos. De origen controvertido haría referencia a Tritón, divinidad marina, como presunto padre de la diosa o, en todo caso, como aquel que estuvo encargado de su educación.
Atenea Partenos (“siempre virgen”) fue otro de los epítetos con el que se conoció a la diosa. Este epíteto fue famoso porque fue el nombre de una imponente escultura crisoelefantina (de marfil y oro)  realizada por Fidias y erigida en el Partenón de Atenas. Un cierto número de otras esculturas se inspiraron en la original hoy tristemente desaparecida. La obra tuvo un gran impacto entre sus contemporáneos, hasta el punto de que dio origen a una tradición de estatuas crisoelefantinas, en la cual encontramos comprometido de nuevo a Fidias, con la estatua de Zeus en Olimpia)

Otros epítetos son:         
                                                                                                                                                         
Acria, bajo el que era adorada en Argos.

Aethyta, bajo el que era adorada en Megara. La palabra significa ‘buceador’ y figurativamente ‘barco’, por lo que el título debe aludir a Atenea como profesora del arte de la construcción de barcos y la navegación.

Ageleia (‘que impera en las batallas’)

Alcidemo (‘defensora del pueblo’).

Areia, por su papel en el juicio realizado en el Areópago a Orestes por la muerte de su madre, Clitemnestra.

Cidonia, en un templo de Frixa (Élide), que fue construido por Clímeno de Cidonia.​

Ergane, como protectora de los artesanos. Bajo este nombre se la menciona en varias inscripciones halladas en la Acrópolis.

Erisiptolis (‘protectora de la ciudad’).

Hipia (‘ecuestre’) como la inventora del carro, título bajo el que fue adorada Atenas, Tegea y Olimpia. Con este nombre recibía un parentesco diferente: hija de Poseidón y Polife, y hermana de Océano
Tetradracma griego con la imagen de Atenea
y mochuelo

Panaquea, bajo el que fue adorada como diosa de la liga aquea.

Polias (‘de la ciudad’), como protectora de Atenas y la Acrópolis, pero también de otras ciudades,como Argos, Esparta, Gortina, Lindos y Larisa.

Poluboulos (‘del buen consejo’).

Polumetis (‘de numerosos inventos’).

Promajos (Promachos, ‘que lucha delante’) cuando dirigía la batalla.



CEREMONIAS Y CELEBRACIONES       
     
En Atenas, la población festejaba a su protectora durante las Panateneas, fiestas en las cuales se celebraban torneos de carreras, luchas y certámenes de poesía y música. Las mas hábiles hilanderas y tejedoras iban en procesión a la Acropolis llevando a la diosa un enorme manto de regalo (peplo); los más viejos le ofrecían ramas de olivo; y los jóvenes iban en procesión en fogosos caballos.

Durante las Arreforías, muchachas adolescentes realizaban una procesión entre los templos de Atenea y Afrodita. El nombre de esta fiesta puede traducirse como “rocío” y revela la existencia de una relación íntima entre las divinidades fecundantes. Las vírgenes, puras como el rocío, iban primero a agasajar a la diosa de la castidad, para luego dirigirse a la diosa del amor.

En las Escinoforías, los participantes llevaban un gran parasol (skirón) que así como el rocío, elemento húmedo de la diosa, protege la labranza contra la sequía. Las Plinterias iniciaban las cosechas de Primavera y en las Asquiforías, celebradas en la época en que las uvas empiezan a madurar., los mozos cumplían el ritual llevaban ramas de vid desde el templo de Dionisio al santuario de Atenea.


EN EL ARTE              

El juicio de Paris. Pedro Pablo Rubens.
A partir del siglo VII a.C. ya se pueden encontrar imágenes de Atenea con sus rasgos definidos: la de la muchacha vestida con un largo peplo plisado, casco, lanza y escudo, coraza o égida con la Gorgona y ribeteada de serpientes. De esta época arcaica las esculturas más representativas son la Atenea de Egina, con casco del altas crines y la Atenea de Olimpia, procedente de un conjunto de esculturas representando la Gigantomaquia que se situaban en el Templo de Zeus de Olimpia.

Desde mediados del siglo VI a.C. se pueden observar en cerámica de figuras negras del nacimiento de Atenea, a veces con varios dioses asistiendo al "parto", como Ilithia, diosa de los nacimientos, y Hermes, así como Hefesto y su hacha de doble filo (labrys). También son tempranas las imágenes del juicio de Paris y de la guerra de Troya, así como de diversos mitos heroicos: desde Teseo y Perseo a Jasón y Heracles.

En el periodo clásico destacan, sobre todo, los templos a la diosa Atenea, que se encontraban en la Acrópolis de Atenas. Entre estos, el más bello era el Partenón que guardaba a la Atenea Parthenos (Virgen), magnífica obra de Fidias, toda de oro y marfil. Se trataba de una figura de pie, vestida con una simple túnica ajustada a la cintura. En el pecho tiene la égida guarnecida de escamas y rodeada de serpientes, con la cabeza de la Gorgona en el centro; en la cabeza, un casco suntuoso; en la mano izquierda, la lanza y el escudo, en el que se ve el combate de los griegos con las amazonas; detrás del escudo, la serpiente Erictonio, y el brazo derecho, extendido hacia el frente, sustenta una pequeña victoria alada. Otra de las esculturas de Fidias, Atenea Lemmia, representó a la diosa sin armas, con expresión graciosa, suave y modesta, propia de una divinidad que preside la alegre calma de la paz. En la enorme Atenea Promajos (“la que va adelante”), por el contrario, se resalta su espíritu guerrero. De estas obras, todas hoy perdidas, a lo largo de los siglos se harían copias y reproducciones.

Del Renacimiento y el Barroco las obras más representativas son Palas Atenea y el centauro de Botticelli, El juicio de Paris de Rubens y el magnífico cuadro de Velázquez, Las hilanderas, en el que se relata el cuento de Ovidio de Aracné y Atenea. En este cuadro, en primer plano aparecen dos hilanderas, una joven y otra anciana. En segundo plano se ve el perfil de Atenea con casco y lanza y a Aracné delante del tapiz, tratando de protegerlo de la destrucción de la diosa.
En el Neoclasicismo Atenea se convierte en figura preferida para representar las Artes, la Ciencia y la Razón, siendo utilizada su imagen en bibliotecas, universidades, etc, como símbolo de la Ilustración.
Aún en nuestros días se hallan ejemplos de imágenes de la diosa. El más espectacular se halla en Nashville, Texas, y es una escultura de Atenea Partenos de 13 metros, revestida de oro, que se halla en el interior de una reconstrucción del Partenón ateniense. La estatua realizada en hormigón y yeso fue realizada en 1990, con el asesoramiento de expertos en arte antiguo, para ser lo más fidedigna a lo que hubiera sido la original, y en 2002 se añadió el pan de oro.

ADEMÁS:


Estatua de Atenea Partenos en Nashville
  • Atenea nunca tuvo contacto carnal con ninguna divinidad o mortal; pese a esto, los dioses áticos Erictonio y Erecteo se consideraban como hijos adoptivos de la diosa.
  • Uno de los atributos de Atenea es el dominio y manejo de los caballos. Así se dice que ella fue quien enseña a Erictonio a atar sus caballos al carro y al héroe Beloforonte a dominar al Pegaso.
  • Se consideraba también que todos los productos del arte femenino eran obras de Atenea.
  • Según una versión, era hija del titán Palas, quien tiempo después intentaría violarla; la diosa para proteger su castidad mató al gigante alado del que con su piel elaboraría la égida.
  • Es la creadora y primera ejecutora de la denominada danza de guerra pírrica.
  • Según algunas versiones, Atenea habría nacido a orillas del río Tritón. En otras versiones, este mismo dios se habría encargado de su educación.
  • En Atenas y Esparta protegía las asambleas populares y deliberativas.
  • Según alguna versión, fue Atenea la que instauró el Areópago.
  • Siempre es una diosa que aparece vestida; sin embargo, en la versión de Ovidio y en algunas representaciones artísticas aparece desnuda.  
  • Atenea era imbatible en la guerra, ni Ares pudo derrotarla.
  • En el relato de los argonautas, ella es quien da las instrucciones para la construcción 
    Atenea Partenos. Monumento
    dedicado a la diosa.
    Parlamento de Viena.
    de Argo, la embarcación en la que irían los argonautas.  
  • En una versión del mito de Tiresias este se tropezó con Atenea cuando se bañaba, y fue cegado por su desnudez. Para compensarle por su pérdida, la diosa le purificó las orejas, lo que le permitió entender el lenguaje de los pájaros, lo que le permitió lograr así el don de la profecía.
  • Atenea fue quien guió a Perseo en su camino para decapitar a Medusa. Asimismo, ayudó en varios de sus trabajos a Heracles (león de Nemea, pájaros de Estínfalo, la hidra de Lerna).
  • Durante la guerra de Troya, apoyó a las tropas aqueas; sin embargo, luego de terminado el conflicto debido a que Ayax Telamonio violó a Casandra en su templo, Atenea les envió tormentas a sus embarcaciones.
  • El paladio es el nombre que recibe la estatua de Atenea. Según un mito, durante su infancia Palas y Atenea eran compañeras de juegos. Un día mientras practicaban ejercicios de lucha, la diosa Atenea mató accidentalmente a su compañera. En honor a esta, la diosa habría tallado el paladio.
  • Este objeto, el paladio, permaneció durante siglos en el interior de la ciudad de Troya, hasta su caída.
  • En época de guerra, las ciudades, fortalezas y puertos quedan bajo su especial protección.
  • La referencia más antigua que aparece de Atenea es en los archivos micénicos, donde aparece mencionada una “Atana potinaia”. Potnia, (Potnia) significa en griego “poderosa”, acompañando a los nombres de las diosas aqueas. 
  • El historiador griego Herodoto señaló que los ciudadanos egipcios de Sais adoraban a una diosa cuyo nombre egipcio era Neit y la identificaban con Atenea.
  •  En la serie animada Saint Seiya, Atenea reencarna en una joven japonesa, Saori Kido. La diosa acompañada por unos guerreros envueltos en singulares armaduras protege así a la Tierra de las más diversas amenazas.


Palas Atenea, obra de Roberto Roca Cerdá.
 Avenida Blasco Ibáñez de Valencia

jueves, 1 de febrero de 2018

LA FUNDACIÓN DE ATENAS (MITO)

La competencia entre Atenea y Poseidón.
Detalle en vasija griega.
Competía a los dioses aceptar ser protectores especiales de una o más ciudades griegas: en la guerra, en la tempestad, en la buena y en la mala cosecha.
Siguiendo una tradición milenaria, Cécrope, el rey mitad hombre, mitad reptil, llamó a los inmortales olímpicos a que dirimieran el patronazgo sobre una ciudad que acababa de fundar en la región del Ática.
La competencia más reñida se estableció entre Atenea y Poseidón. Disputaban la tierra palmo a palmo. Obstinadamente. Los otros dioses abandonaron la lucha, para que los dos decidieran entre sí.
El pueblo estaba dividido. Los marineros aclamaban al rey de las aguas. Los soldados aplaudían el sabio coraje de su dios. Los demás vacilaban.
Para poner fin a la acalorada disputa, el soberano Cécrope pidió a Atenea y a Poseidón que crearán algo útil para la nueva ciudad. La ofrenda que los habitantes prefiriesen determinaría quien sería el vencedor.
Poseidón fue el primero con fuerza, golpeó el suelo con su tridente. De la Acrópolis brotó una fuente y de esta surgió un espléndido caballo. La creación de la fuente y el caballo agradaron a la población.

Atenea hirió la tierra con su lanza, sacando chispas, veloz como el rayo, domó el caballo e hizo surgir de la tierra el olivo. El rey Cécrope recibió conmovido la rama cargada de frutos. El pueblo reconoció en el vegetal el regalo más valioso. Los dioses confirmaron la elección y la nueva ciudad recibió el nombre de Atenas. 
Atenea lucha contra Poseidón por la ciudad de Atenas.
Detalle en el tímpano oeste del Partenón.

LAS HORAS



Dionisio guiando a las Horas. S.I d.C.
Las Horas (en griego, Ὧραι; en latín, Horae) son personificaciones en la mitología clásica del orden de la naturaleza y de las estaciones, aunque posteriormente se les asoció al orden y la estabilidad social. Según la versión de Hesiodo, son hijas de Zeus y de la titán Temis. En la versión de Homero no se menciona un número preciso de estas, pero están vinculadas al clima y a las estaciones y fomentan la fertilidad de la tierra.




Primitivamente, eran divinidades de la fertilidad; más tarde, lo fueron de las estaciones y del orden natural (y humano) y, finalmente, aumentadas en número (las Doce Hermanas), pasaron a personificar las horas del día. Los atenienses las llamaban Talo (“brote”), Auxo (“desarrolladora”)  y Carpo (“fruto”), nombres que evocan la idea de brotar, crecer y fructificar. Estas son consideradas las Horas de la primera generación. Las de la segunda fueron Eunomía (Disciplina), Dike (Justicia) y Eirene (Paz).

Se consideraba que las Horas tenían así doble función: presidian la vegetación y velaban por las instituciones políticas y sociales. En el Olimpo ejecutaban las más diversas tareas: desataban los caballos del carro de Hera; vigilaban las puertas divinas; cuidaban del tocado de Afrodita. También figuraban en el cortejo de Baco y se contaban entre las compañeras de Proserpina. Se las representaba como graciosas jóvenes que danzaban en compañía de las Musasy las Gracias; llevaban en las manos los productos agrícolas de las diversas estaciones fructíferas: flores (primavera), espigas de trigo (verano), y gajos de vid (otoño).


DATOS CURIOSOS:
Irene (Paz)con el infante Pluto.(370 a.C)
Museo de Munich
  • Loa antiguos griegos vincularon a Talo con la estación de la primavera, mientras que Carpo, era la personificación del Otoño.
  • El tránsito de las estaciones es descrito simbólicamente en la danza de las horas.  
  • En obras de arte las Horas eran representadas como bellas y saludables doncellas, portando los diferentes productos de las estaciones, rodeadas de flores de colores vivos y abundante vegetación, u otros símbolos de fertilidad.

lunes, 29 de enero de 2018

¿CÓMO ES QUE LOS DIOSES OBTENÍAN LA INMORTALIDAD?



La comida de los dioses en el Olimpo. Pintura decorativa
de un plato atribuida a Nicola da Urbino
(
ca. 1480 – 1540/1547). Obra de 1530.
Como característica principal de los dioses, la inmortalidad era mantenida gracias a una dieta de néctar (bebida) y ambrosía (comida), alimentos privativos de las divinidades. De esta manera, la eternidad de los dioses dependía curiosamente de un tipo particular de alimentación. La inmortalidad sin embargo, podía ser concedida a ciertos mortales en circunstancias especiales: la princesa Psiquis, por ejemplo, fue inmortalizada para poder desposar al dios Eros; varios héroes, por su ascendencia divina, o por sus pruebas de coraje y arrojo sobrehumanos, se hicieron inmortales. Una de las maneras por las cuales los dioses conferían la inmortalidad consistía en ofrecer néctar o ambrosía al mortal. Otra forma era exponerlo al fuego: las diosas Tetis y Ceres, por ejemplo, usaron este recurso para inmortalizar a Aquiles y Demofón respectivamente. Algunos hombres tenían una inmortalidad condicional. Así, Pterelao vivió hasta el momento en que su hija cometa le cortó un rizo de oro que lo hacía inmortal. Como detalle adicional, se puede agregar que los dioses, además de consumir tanto el néctar como la ambrosía, poseían el icor que era una sustancia presente en su sangre –a veces también se consideraba que era la sangre misma, o también se creía que podía estar presente en el néctar y en la ambrosía. 

LA TEJEDORA ARACNÉ (MITO)

Aracné por Gustav Doré (Ilustración para el
Purgatorio de la Divina Comedia)
No había cómo disuadirla. Aracné, hija de un modesto tintorero de Colofón, insistía en proclamar ante cielo y  tierra su extraordinario talento de tejedora. No prestaba oído a las recomendaciones de modestia. A los más viejos de la ciudad les respondía con cinismo. Su vanidad era tal que rechazaba la ayuda de cualquiera.
Sus trabajos eran en verdad maravillosos. Difícil era suponer que fueran igualados en perfección y belleza por la obra de otro mortal. En las manos de la tejedora, los bordados de los mantos adquirían vida, envueltos en la magia de una nueva dimensión, la dimensión divina.
De toda Grecia, hombres, viejos y niños acudían a verla. Las ninfas dejaban los lagos y los bosques para seguir atentamente la huella de sus hilos.
La artesana de Colofón aprovechaba el vasto público para repetir su estribillo. En materia de tejido y bordado se declaraba única, perfecta e insuperable. Aún más perfecta que la diosa de los tejedores, Atenea.
Y, a pesar de su orgullo, la gente tenía lástima de ella, porque sabía que desafiar a los dioses es locura.
Un día la orgullosa tejedora fue interpelada por una vieja mujer, jorobada y arrugada, de cabellos blancos, túnica negra y bastón. Sabiamente le recomendó que dejara de vanagloriarse y se arrepintiese de su jactancia. Porque actuando así, dijo, todavía podría obtener el perdón de Atenea.
La fábula de Aracné (las hilanderas) (1657) de
Diego de Velásquez. Museo del Prado
Pero Aracné no aceptó el consejo. Por el contrario, volvió a desafiar a la diosa diciendo que no tendría temor alguno si Atenea viniese a competir con ella en el arte de la tejeduría: sabía que no había razón para temer, puesto que la diosa no tendría el valor de someterse a tal prueba.
La vieja entonces se arrancó el manto, arrojó lejos el bastón, se alisó las arrugas del rostro, e irguió altiva el cuerpo. Era Atenea.
Aracne no se inmutó ante la transformación de la vieja mujer. Al contrario, se puso muy contenta: había llegado la hora de realizar su sueño de hegemonía. Y las dos rivales empezaron, a una voz, a tejer magnificas tapicerías.
Atenea decidió bordar la escena de su disputa con Poseidón (Neptuno) por la ciudad de Atenas. Doce inmortales figuraban en su trabajo. En el medio de ellos, Zeus, el padre de los dioses y los hombres. Poseidón empuñaba el tridente, con el que acababa de golpear la tierra. Atenea misma figuraba con el yelmo en la cabeza y el escudo cubriéndole la mayor parte del cuerpo. Y en los bordes de la tela bordó escenas terroríficas, en las que los dioses castigaban a los mortales irreverentes.
El trabajo de la diosa parecía real. Las aceitunas del olivo que ofreciera a los atenienses parecían naturales. Los delicados contornos de las mariposas sugerían el vuelo como si fuese real. El Olimpo y las divinidades completaban el conjunto otorgándole belleza y esplendor.
Aracné o la dialéctica (1520) de Paolo Veronesse
Aracne representó en su tela los defectos de los dioses. En un ángulo, Leda acariciaba al cisne, que era el propio Zeus. En otra esquina la bella Dánae, encarcelada, recibía la lluvia de oro, disfraz con el que Zeus la visitaba para el amor. Amores, traiciones, crueles venganzas recubrían, con talento y arte, el tapiz de la tejedora de Colofón.
Cuando las obras quedaron terminadas, fue imposible encontrar defectos en cualquiera de los bordados. Nada pudo decir Aracné contemplando la obra de la diosa. Y Atenea, sorprendida, comprobó que la mortal no se había alabado en vano: era en realidad habilidosa en grado sumo y merecedora de admiración.
Pero esto no cerraba la cuestión. Irritada con la igualdad así demostrada, la diosa arrebató la tela bordada por Aracne, la arrugó y la desgarró. Y no satisfecha con eso, hirió a la rival con su aguja.

La herida más profunda, sin embargo, fue la abierta en el amor propio de la valiente tejedora que, ante la imposibilidad de destruir a la diosa, intentó ahorcarse. Pero Atenea no le permitió morir. La transformó en araña y la condenó a tejer, suspendida en las alturas, la delicada tela que los vientos rasgan fácilmente...

domingo, 28 de enero de 2018

¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL SIGNO ZODIACAL ARIES?

Como la mayoría de nosotros sabe, el signo de Aries es el primero del zodiaco. Se le suele considerar como un signo asociado con el fuego y la masculinidad, siendo su símbolo los cuernos del carnero. Pese a que “Aries” es un término latino, los antiguos griegos conocieron la constelación del carnero –al cual posiblemente llamaron Crisomalón- e intentaron explicar su origen a partir de narraciones mitológicas.

Según la versión más conocida, Crisomalón era hijo del dios Poseidón y de la ninfa Bisáltide. Se cuenta que para huir de sus perseguidores el dios, que previamente había raptado a la ninfa, tomó la forma de un carnero mientras que a la muchacha la transformó en una oveja. De la unión en metamorfosis de ambos habría nacido Crisomalón. Este se caracterizaba por ser un carnero con lana de oro que nadaba, volaba y corría mejor que cualquier animal.
En otra versión bastante popular, existía en la región de Tesalia un rey llamado Atamante que procreó con su esposa Nefele dos hijos, un varón, Frixos y una mujer, Hele. Al morir la madre de estos, la nueva esposa de su padre, Ino, quiso matarlos por lo que el dios Hermes les envió al carnero Crisomalón para que los rescatara y los llevara volando a la región de Cólquida. Durante el trayecto se cuenta que Hele habría caído al mar, lo que dio origen al mar de Helesponto (“mar de Hele”), actual estrecho de los Dardanelos (en otra versión, Poseidón la convierte en una divinidad marina). Al llegar a la Cólquide, Frixo fue, en principio, bien acogido por el rey de esta región, Eates, quien le dio a su hija Calcíope por esposa. En agradecimiento a Zeus por el buen fin de su peripecia, Frixo sacrificó el carnero en su honor, ofreciendo el preciado vellocino al rey Eetes, que a su vez lo consagró a Ares, dejándolo bajo la custodia de un impresionante dragón. Este vellocino sería más adelante conocido como el vellocino de oro y sería motivo de diversas aventuras para Jason y lo argonautas.

En reconocimiento a todo esto, Zeus llevó al Crisomalón al cielo, entre las estrellas, donde ocupa el lugar de la constelación del carnero